
...Y luego me despierto un día y la luz del sol entra por la ventana, una ventana que no es la de mi habitación, y, en vez de estar echada en mi cama, con solo moverme un par de centímetros puedo tocarle. Y no tengo nada de nada en la cabeza, solo ganas de acercarme más y dormir y que el mundo siga que a mi me da igual. Es reconfortante que me abrace, que suene el despertador por quinta vez o la pregunta de que tal has dormido. Oye amigo, coge ese reloj y para el tiempo.
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